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Prejuicios turísticos ¿Por qué nos limitamos tanto?

  • Foto del escritor: Santiago Vega Lopina
    Santiago Vega Lopina
  • 2 feb 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 11 may 2025

¿Cúal es la diferencia en la motivación de una persona que quiere visitar Disneyland y otra que quiere conocer la Gran Muralla China? ¿Puede una misma persona querer visitar ambas atracciones?


Si, absolutamente.


¿No es lo más razonable del mundo querer aprender acerca de un cultura milenaria, conocer las invasiones sufridas y como han reforzado el sistema de defensa hace miles de años? Por otro lado, ¿no les parecía lógico querer ir a Universal Beijing al día siguiente para querer divertirse y relajarse al día siguiente? Ya que para visitar la muralla te levantaste a las cinco de la mañana y terminaste a las siete de la tarde con los pies destrozados.

Si caemos en las etiquetas fáciles parecería que estamos hablando de dos perfiles antagónicos de turistas, pero no, es la misma persona con motivaciones y necesidades diferente a lo largo de su itinerario en el mismo destino.


Siento que hay mucho prejuicio y snobismo a la hora de evaluar cuales son las motivaciones que lleva a una persona u otra a la hora de elegir un destino para sus vacaciones; etiquetamos al turista como si una persona no fuera capaz de tener múltiples deseos, anhelos y necesidades diferentes en el momento de viajar.


Si caemos en lo fácil de asumir que la persona que quiera visitar Universal Studios es alguien que no posee interés culturales e históricos estamos cayendo en un grave error y por consiguiente una pérdida de oportunidad de venta de otros productos turísticos.  En lo personal me considero una persona con muchísimos intereses culturales, me encanta aprender de la historia y costumbres sociales de cada destino al que voy; al mismo tiempo soy el primer fánatico de los parques temáticos porque me encanta la tematización, el storytelling que desarrollan y considero que son lugares en los cuales se construyen recuerdos de manera especial que todos guardamos como unas vacaciones inolvidables.


Como persona, todos pasamos por diferentes etapas a lo largo de nuestra vida; ya sea de exigencia de cansancio, de intereses muy fuertes hacia un tema, de necesidad espiritual o de una necesidad de distracción por ejemplo. 

También es cierto que podemos mantener una estabilidad en nuestros deseos a lo largo del tiempo; como por ejemplo el turista que vacaciona todos los años en el mismo sitio, durante los mismos días del mes.Evidentemente este perfil disfruta de la comodidad que le brinda un destino ya conocido en profundidad del cual sabe que esperar con exactitud y en el cual desarrolla una misma rutina año tras año lo cual le permite descansar o disfrutar de lo ya conocido. Y no está nada mal, ¿qué es lo malo de que una persona quiera relajarse y repetir año tras año de una rutina que evidentemente disfruta?


Por eso también podemos tener a Maria, quién viajó a Vietnam, Perú, Nepal, Australia en los últimos años y le encanta caminar en sus viajes hasta no sentir las piernas. Sin embargo, este año está tapadisima de trabajo y lo único que desea este año es estar 7 días en un hotel all inclusive en Canarias, no teniendo que pensar cuando, donde y que comer; siendo sus únicas preocupaciones tener que elegir playa o piscina y si le apetece más cenar buffet o sushi.  ¿Estamos hablando de la misma persona interesada por visitar los túneles de Cuchi, utilizados durante la Guerra de Vietnam por el Ejército? Efectivamente si. 


Todos hemos atravesados por diferentes circunstancias en nuestras vidas y es un poco a ver como nos agarra en ese momento en el que empezamos a planear nuestras vacaciones. 

Ni hablar de la situación económica; especialmente los jóvenes vivimos en un contexto inestable y nuestro bolsillo cada vez goza menos de una estabilidad que nos permita proyectar a largo plazo el lugar de nuestras vacaciones.


Por eso creo que a la hora de promocionar, presentar y proyectar un destino también es necesario no solamente considerar los deseos, sino también las necesidades de una persona . El deseo hace referencia a alguien más afectivo, aspiracional y la necesidad a una carencia, a un impulso que nos mueve en cierta dirección; ambas son claves a la hora de posicionar un destino/producto turístico. 

Por otro lado, los más jóvenes están más expuestos a las redes sociales y estas inciden en gran medida en su comportamiento de consumo y eso incluye al turismo. 


Según un estudio de eDreams Odigeo, el 49% de los viajeros españoles han elegido alguna vez su destino influenciados por las redes superando el 37% de la media mundial. Este fenómeno es aún más pronunciado entre los jóvenes de 18 a 34 años, donde el 66% de los de 18 a 24 años y el 57% de los de 25 a 34 años han viajado a destinos recomendados en redes sociales.


¿Por qué es importante este dato? Porque las redes sociales imponen y cambian patrones de consumo en plazos de tiempo cada vez más corto, los destinos ya están al tanto de esto y este medio es su principal escaparate publicitario y tienen que estar al tanto de cómo las redes van moldean las aspiraciones y necesidades de los jóvenes (triste pero real).


Lo que quiero dejar en claro es que no hay que caer en la simplicidad y en encasillar a los perfiles de turista de manera ortodoxa en “turismo cultural”, “turismo de naturaleza”, “sol y playa”; ya estamos en otro momento social; de necesidades y deseos cambiantes, de avances y cambios tecnológicos que nos hacen ver y cambian nuestras prioridades de manera rápida y cada vez tenemos un menor tiempo de respuesta para asimilar todos estas novedades.


Por último; todos sabemos que el cambio constante es lo natural en nuestra vida y que así como cambiamos de trabajo, parejas, casa. Entonces, ¿por qué nos limitamos a un solo tipo de viaje? Se puede disfrutar tanto de la cultura de una ciudad histórica como de la magia de un parque temático. Lo importante no es etiquetarnos, sino explorar y permitirnos disfrutar de la diversidad que los destinos tienen para ofrecernos; así que empresas, entes de turismo ponganse a hacer los deberes y empiecen a borrar los prejuicios turísticos.


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