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¡No es la boda, es la masificación turística, estúpido!

  • Foto del escritor: Santiago Vega Lopina
    Santiago Vega Lopina
  • 1 jul 2025
  • 3 Min. de lectura

Este fin de semana pasado fue la boda del tercer hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, como todos saben, el fundador del gigante electrónico Amazon. Parafraseando aquella célebre frase política de Bill Clinton, el problema no es la boda… es el turismo, y cómo lo estamos gestionando. 


A pesar de ser uno de los eventos sociales más importantes del año, la boda fue blanco de múltiples críticas por parte de organizaciones y residentes venecianos por añadir más carga de visitantes a un destino que hace años viene pidiendo detener la saturación turística, pero que sigue fracasando en los intentos.


¿Cuáles son los verdaderos motivos de las protestas?


En realidad, las protestas no son solamente por la boda en sí, sino que siguen protestando (nunca se detuvieron) ya este mega evento sigue contribuyendo a una imagen de destino saturado.

Es decir, los manifestantes aprovecharon un evento con tanta exposición mediática para evidenciar un reclamo enfocado a controlar la actividad turística en la ciudad, pero sin duda alguna en esta boda se agregan unos componentes que agravan el panorama.



  • ¿Parque temático o ciudad? El famoso dicho “El que tiene dinero hace lo que quiere” se cumplió en Venecia. Varios espacios de la ciudad tuvieron que ser bloqueados y se restringe el acceso de los residentes/visitantes a ciertos espacios, lo que sigue contribuyendo a la construcción de un Disneyland en lugar de una ciudad donde la gente vive. Esta privatización del espacio público es una forma de "gentrificación turística", pero a escala VIP.


  • Contaminación: Entre los 250 invitados se encontraban personalidades del más alto nivel como Bill Gates, Ivanka Trump, la Reina de Jordania, el clan Kardashian, Oprah Winfrey, entre otras. Como se imaginarán, no tomaron el vuelo regular de Ryanair, sino que viajaron en vuelos privados, yates y helicópteros, multiplicando aún más la huella ambiental.


  • Imagen del destino: ¿Contribuye este tipo de eventos a la identidad histórico-cultural que posee Venecia? Finalmente, lo que se vio fue el vestido de Kim Kardashian o el megayate de Jeff Bezos, pero poco acerca del patrimonio histórico-cultural de la ciudad.


  • Desigualdad: En un contexto global marcado por la volatilidad —guerras simultáneas, disputas arancelarias y crisis migratorias— esta boda expone, de forma obscena y evidente, cómo un sistema capitalista permite que alguien gaste 55 millones de dólares en tres días, mientras la desigualdad no deja de crecer.


Quiero dejar en claro algo: cada uno puede hacer su boda en donde le apetezca, sin importar la opinión ajena, pero no puedo pasar por alto que se trate de la tercera persona más rica del mundo en el destino turístico insignia de la saturación turística.

Estamos hablando de una ciudad que lleva años sufriendo las consecuencias de una actividad turística que, en mi opinión, ha hecho más daño que beneficio. Asimismo, es una gran hipocresía que el mismo destino que aplica medidas como el aumento de la tasa turística, la restricción de grupos turísticos a un máximo de 25 personas y el veto de grandes cruceros dentro del centro, ahora permite un despliegue de 250 millonarios en vuelos y barcos privados. 


Por supuesto, también hay mencionar el impacto económico de esta boda, que algunos medios afirman que puede ser de 1 billón de dólares en el destino (difícil de comprobar), y que Jeff Bezos ha solicitado que el regalo de sus invitados sean donaciones a la UNESCO y a la Universidad Internacional de Venecia para la preservación del patrimonio natural y cultural.


Mi reflexión final es que el reclamo de los venecianos no son más fondos económicos, sino limitar a la actividad turística para que no se convierta en un enemigo de la ciudad como lo es actualmente. El turismo alardea muchas veces del impacto positivo que genera en la comunidad receptora, pero basta con ver el censo de Venecia para entender que, si no se controla y regula, ocasiona un gran daño. En el año 2000, el centro histórico de Venecia tenía una población de 70,000 habitantes y en el 2024, de 50,000 habitantes El aumento descontrolado de alquileres y precios de la vivienda, sumado al detrimento de la calidad de vida por la masificación turística, ahuyenta a la población, convirtiendo a la ciudad en un museo al aire libre, dependiente de la actividad turística con lo que esta acarrea.


Porque al final el problema no es la boda, sino un turismo descontrolado y sin límites que ya no festeja el patrimonio de una ciudad sino que lo devora. 


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