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2025. El turismo no tiene techo. ¿La estrategia también?

  • Foto del escritor: Santiago Vega Lopina
    Santiago Vega Lopina
  • 1 ene
  • 3 Min. de lectura

De acuerdo a ONU Turismo las llegadas de turistas internacionales crecieron un 5% en enero-septiembre de 2025 en comparación con el mismo periodo de 2024, o un 3% respecto al año pre pandemia de 2019.


Más de 1.100 millones de turistas viajaron internacionalmente hasta septiembre, unos 50 millones más que en el mismo periodo de 2024.


Los datos no son anecdóticos. Confirman que el deseo de viajar se mantiene e incluso crece, aún en un contexto de conflictos geopolíticos y tensiones económicas y financieras.


El problema no es la falta de señales.

Es la comodidad de un sector que, mientras los números acompañan, elige no cambiar.



En el 2025 el turismo habló más de inteligencia artificial que de inteligencia a secas.


No falló la tecnología. Falló la voluntad de tomar decisiones diferentes.


Todos compramos que la IA nos daría promesas de eficiencia, personalización y optimización.

Y cumplió.

Se optimizó sin cuestionar si lo que se estaba optimizando tenía sentido.


Se usó inteligencia artificial para hacer más rápido lo que ya estaba mal planteado.

Para sumar más demanda en destinos saturados.

Para responder mejor a experiencias mal diseñadas.

La tecnología no corrigió el modelo.

Lo aceleró.


En ciertos destinos la masificación dejó de ser un fenómeno incómodo para convertirse en un dato estructural.

En 2025 esto ya no sorprendió a nadie.

Lo que siguió sorprendiendo fue la insistencia en tratarla como algo inevitable, casi normal y natural, y no como el resultado directo de decisiones sostenidas en el tiempo que deben corregirse.


No hubo falta de señales.

Faltaron límites. El turismo todavía se sigue pensando como un buffet “all you can eat”, con recursos y productos inagotables.



Nunca hubo tantos datos disponibles en turismo como en 2025.

Datos de flujos, comportamientos, percepciones y barreras psicológicas del turista, saturación, impacto social, tiempos de estancia y gasto en destino.


Lo que siguió faltando fue lo más difícil:ç

Utilizar esos datos para decidir, no solamente para tirar el problema al aire.Para enfocar, redistribuir, cambiar y lo más importante:


🫵 IMPLEMENTAR.


Porque los datos no son incómodos.

Lo incómodo no es lo que muestran los datos, sino todo lo que dejan en evidencia que no se está haciendo.


Mientras tanto, muchos destinos siguieron promocionando únicamente lo que ofrecen.Playas, museos, eventos, gastronomía, entretenimiento, cultura.


En un contexto de competencia turística creciente, la pregunta ya no es qué ofrece un destino, sino qué necesidad concreta resuelve al viajero.


Por momentos nos olvidamos de intentar responder a la pregunta más básica de todas:¿Para qué viajamos?


Reconectar con los gustos, motivaciones y deseos más personales.

Pasar un tiempo de calidad en familia.

Desconectar de una cotidianidad cada vez más hiper acelerada.

Construir relaciones profesionales que habiliten nuevas oportunidades.


Todo se resume en una idea central :

generar recuerdos de valor que perduren en el tiempo.


Promocionar enumerando atractivos y recursos turísticos no es una propuesta de valor.

Es una evasión estratégica del verdadero interrogante.


Todo esto no son problemas aislados.

IA sin criterio, datos sin decisión, masificación sin gestión y comunicación sin propuesta de valor responden al mismo patrón.


El turismo prefirió optimizar lo existente antes que replantear el enfoque. 


🔻Prefirió herramientas antes que decisiones. 

🔻Prefirió el discurso antes que cambio de enfoque.


Tourism Thinker se planta en ese punto de conflicto que muchos prefieren evitar.

No para explicar destinos ni amplificar tendencias, sino para insistir en lo que incomoda:


El problema del turismo ya no es técnico ni creativo.

Es estratégico.

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