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ITB Berlín: la resiliencia del turismo

  • Foto del escritor: Santiago Vega Lopina
    Santiago Vega Lopina
  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura
ITB Berlín, uno de los principales puntos de encuentro de la industria turística global.
ITB Berlín, uno de los principales puntos de encuentro de la industria turística global.

La semana pasada he analizado las posibles consecuencias que la escalada militar por parte de EE.UU e Israel en Oriente Medio podría tener para el sector turístico global. 


El conflicto sigue evolucionando y, por ahora, no existe un horizonte claro de resolución. Todo apunta a que continuará escalando y que más actores regionales e internacionales podrían verse involucrados o afectados.


También destaqué la gran fragilidad a la que el turismo está expuesto: esa dependencia externa de factores fuera de su control que, sin embargo, lo afectan enormemente; pero hoy voy a hablar de lo más característico del turismo: su resiliencia.





La región alberga algunos de los hubs aéreos más importantes como lo son Doha y Dubai, por lo que cualquier alteración en su estabilidad puede afectar rutas, conectividad y flujos turísticos a escala global.

Sin embargo, mientras ese escenario de incertidumbre se desarrolla, hay algo que resulta particularmente llamativo y positivo al mismo tiempo.


El sector turístico sigue avanzando a gran velocidad, impulsado por una demanda que no deja de crecer y por una tecnología que está transformando la forma en que se buscan, se planifican y se viven los viajes.

Esta semana tuve la oportunidad de participar en ITB Berlín, una de las mayores ferias turísticas del mundo, y sentí esta dualidad: optimismo y preocupación.


La preocupación: la situación en Oriente Medio estuvo muy presente. En las reuniones y los pasillos se comentaba la evolución del conflicto y algunos stands de destinos de la región estaban visiblemente más vacíos de lo habitual debido a la guerra.

Pero, al mismo tiempo, la feria seguía funcionando a pleno ritmo.


El optimismo: Las reuniones continuaban, los destinos presentaban nuevas estrategias de posicionamiento, las empresas tecnológicas mostraban nuevas herramientas y las conversaciones del sector seguían girando alrededor de datos, IA, marketing turístico, plataformas de experiencias y nuevos mercados emisores.


La inteligencia artificial fue, sin duda, la gran protagonista de la feria. 

En prácticamente todos los pabellones aparecía como tema recurrente en conversaciones, presentaciones y nuevas soluciones tecnológicas. Desde herramientas para personalizar la planificación del viaje hasta sistemas de análisis de comportamiento del viajero o automatización del marketing turístico, la industria parece haber entrado en una fase clara de dirección hacia la IA.


Tuve la oportunidad de asistir a la conferencia de Google en ITB y el mensaje fue claro: La IA está transformando la búsqueda en un asistente de viaje completo, donde la visibilidad de las marcas dependerá cada vez más de sus datos, su contenido y su capacidad de adaptarse a un entorno de búsqueda conversacional. 


El viajero ya no busca respuestas para su viaje; busca una conversación que le inspire a descubrir nuevos productos y destinos. Las marcas y los destinos deben aprender a posicionarse en esa conversación si quieren crecer.


Sin embargo, ITB también dejó algo interesante en evidencia: a pesar de toda esta aceleración tecnológica, el turismo sigue siendo una industria profundamente relacional. Casi 100.000 profesionales de todo el mundo viajaron a Berlín para hacer algo que ninguna plataforma digital puede sustituir completamente: reunirse cara a cara, construir confianza, explorar alianzas y discutir estrategias. 


En cierto modo, la feria es el espejo de dos realidades que conviven dentro del sector: una industria que se digitaliza cada vez más rápido, y al mismo tiempo un ecosistema global que sigue funcionando gracias a una red muy extensa de colaboraciones entre destinos, empresas y plataformas.


Mientras el contexto global se vuelve más incierto, el sector sigue mirando hacia adelante.

La explicación es sencilla: el turismo siempre ha estado expuesto a inestabilidades y conflictos.


Es probablemente una de las industrias más expuestas del planeta a shocks externos, lo que le ha permitido adquirir una resiliencia más que demostrada a lo largo de la historia reciente.


  • Atentados terroristas.

  • Crisis económicas.

  • Pandemias.

  • Conflictos geopolíticos.

  • Cierres de espacio aéreo.

  • Inestabilidad política.


Sin embargo, cada vez que el sistema parece entrar en pausa, termina reorganizándose.


Pasó tras el 11-S.

Pasó tras la crisis financiera de 2008.

Pasó durante la pandemia del COVID-19

Y vuelve a ocurrir ahora.

El turismo funciona como un sistema dinámico. Cuando una parte del mapa turístico se bloquea por una crisis o conflicto los flujos de viajeros no desaparecen: se redistribuyen hacia otros destinos.

  • Cuando un destino se vuelve inaccesible, otro gana protagonismo.

  • Cuando una ruta aérea se cancela, las aerolíneas rediseñan su tráfico.

  • Cuando un mercado emisor se contrae, otro comienza a crecer.


Esto explica por qué, incluso en medio de una nueva crisis internacional, la conversación en ITB Berlín no giraba alrededor de la supervivencia del sector.


Giraba alrededor de su evolución.

Destinos hablando de posicionamiento global.

Plataformas de experiencias compitiendo por capturar más valor del viaje.

Empresas tecnológicas redefiniendo cómo se inspira, planifica y reserva un viaje.

Organizaciones turísticas intentando entender mejor al nuevo viajero a través de datos y análisis de comportamiento.

Si algo dejó claro ITB Berlín este año es que, incluso cuando el mundo parece volverse más incierto, el turismo sigue moviéndose. 

No porque ignore las crisis, sino porque, desde hace décadas, ha aprendido a vivir con ellas.

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