Este verano me fui de vacaciones haciendo un roadtrip por el norte, empezando por Galicia, siguiendo por Asturias y terminando en Santander. En los últimos días del viaje, paseando por el Paseo Marítimo de Santander y teniendo la tarde libre, cogí una lancha para pasar la tarde en la playa del Puntal de Somo. Todo de manera improvisada, como me está empezando a gustar pasar las vacaciones; fui con la idea de tomarme un helado y terminé en una lancha.

Luego de un paseo de 20 minutos cruzando la bahía de Santander, llegamos al embarcadero del Puntal. En cuanto voy terminando la pasarela y veo un cartel grande al fondo, mi cabeza hizo como una pausa eléctrica y de golpe me acordé. En medio de nuestra loca vorágine, en el afán de seguir produciendo y trabajando de un proyecto a otro, durante el trayecto en lancha y al momento de pensar en Somo, se me había olvidado algo muy importante a nivel personal que me había pasado en ese mismo lugar hace 4 años.

Yo mismo había trabajado en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino de Ribamontán al Mar cuatro años atrás.

Recuerdo incluso el momento de la elección de su nombre, Naturalmente Activo; además de las visitas a Somo, las reuniones y talleres junto a los actores del sector turístico, escuchando sus preocupaciones, inquietudes y expectativas.

En particular, de este plan guardo un recuerdo muy entrañable y bonito para mí, ya que lo trabajé durante el 2022, yo viviendo en Asturias y con una pandemia sin fecha de fin, que parecía que no iba a dejar lugar para una recuperación del sector turístico; y ahí estaba yo, recién mudado, fuera de mi entorno habitual, dedicando noches y horas incontables a un plan que verdaderamente ayudará a un destino turístico a prepararse para un futuro nada claro, sin garantías de nada.

Mi motivación venía de una convicción genuina: ningún destino puede ser sostenible si no preserva su oferta y si la actividad turística se convierte en un problema para la vida de sus propios residentes.

Es por eso que las actuaciones incluidas en el plan apuntaban a mitigar el impacto tan estacional de un destino de gran reputación surfera que, durante periodos muy marcados de tiempo, absorbe una gran cantidad de turistas excediendo su capacidad de carga y su infraestructura local. Esta estacionalidad ocasiona una gran presión a sus ecosistemas naturales, que eran la base de su principal producto, el surf. Además de que era necesaria la digitalización de sus recursos y trabajar en una movilidad más limpia dentro del destino.

Ver hoy ese proyecto funcionando me recordó por qué hago lo que hago desde hace años.

En un sector sigue siendo tan propenso a medir el éxito solo en volumen y récords de llegadas, el verdadero impacto de la gestión turística se mide en el equilibrio: proteger la identidad del destino, ordenar los flujos y garantizar que la actividad sume a la comunidad local a largo plazo.

La motivación sigue intacta, como la de aquel Santiago en pleno COVID sin garantías, pero con ganas de cambiar las cosas, al menos un poquito.

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