Ese es el mensaje que se queda en el viajero. No es durante un gran festival ni la final de La Liga. Es por el eclipse total de Sol que se verá en la península ibérica el próximo 12 de agosto.
El País ha analizado más de 5.500 alojamientos y los datos son bastante curiosos por llamarlo de alguna forma. En Soria, la mediana pasa de 116 a 879 euros. En León, de 59 a 445 euros. En el 70% de los alojamientos situados dentro de la franja de totalidad, los precios aumentaron.
Es lógico que los hoteles adapten sus tarifas cuando aumenta la demanda. De eso trata precisamente el revenue management: vender cada habitación al mejor precio posible en función del momento y del mercado.
Pero una cosa es aprovechar una oportunidad extraordinaria y otra convertirla en una experiencia inaccesible para una parte importante de los viajeros. Especialmente en destinos que muchos quizá no consideran visitar si no fuera por un acontecimiento único como un eclipse. Si la primera impresión queda asociada a precios astronómicos, la percepción del destino también puede verse afectada.
Voy a contarles un ejemplo personal.
Por motivos de trabajo tuve que ir a la provincia de Soria hace unas semanas. Me alojé en un hotel independiente, de dos estrellas, situado en un pueblo muy pequeño, y pagué aproximadamente 70 euros por una noche en junio.La experiencia fue buena y pensé: ¿por qué no volver aquí para ver el eclipse?
Es un razonamiento bastante lógico. Cuando tienes una buena experiencia en un destino, buscas repetirla.
Así que entré en la página web del mismo hotel para chequear el precio de esa noche. Había pasado de unos 70 euros a 250.
Vayamos a los hechos.
- Hotel de 2 estrellas.
- Sin servicios extra.
- Desayuno no incluido.
- Sin visitas guiadas ni actividades especiales por el eclipse.
- Ubicado en un pueblo con muy pocos servicios.
- Solo dos restaurantes abiertos para cenar.
Y aquí creo que aparece un debate interesante para los destinos:
Un evento único como este puede generar ocupación, atraer visitantes hacia municipios que habitualmente no reciben tanta demanda y distribuir gasto hacia restaurantes, comercios y empresas de actividades.
Pero si la imagen que queda es la de habitaciones multiplicando varias veces, el impacto reputacional también puede ser importante. En mi cabeza, la imagen del destino quedó manchada de alguna manera, no porque quieran ganar dinero, eso es lógico, sino porque la imagen que proyecta es que, si no fuese por el eclipse, no tienen otros productos que ofrecer.
Y aquí abro otro melón: el querer cobrar por subirse a la ola sin aprovechar la oportunidad única de mostrar sus atractivos en una fecha que no se repetirá en años.
La comunicación que deberían dar, estos pequeños destinos rurales, en estos acontecimientos únicos debería focalizarse en todo lo que complemente el hecho excepcional, enriqueciendo la experiencia con su oferta gastronómica, cultural y patrimonial, y evitando que parezca que quieren hacerse el año en una noche.
Además, el verdadero potencial turístico del eclipse no debería medirse solamente por cuánto pueden cobrar los hoteles durante una noche. La oportunidad está en conseguir que quienes viajen permanezcan varios días, recorran el territorio, consuman producto local y tengan motivos para regresar después del eclipse.
Los grandes eventos crean picos de demanda. La buena gestión turística consiste en transformar esos picos en valor duradero para el destino, sus empresas y sus residentes.
La pregunta es dónde se sitúa el límite entre una estrategia legítima de precios y una subida excesiva.

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