El debate sobre el overtourism lleva años señalando al mismo culpable: el turista.
Que son demasiado, muy ruidosos. Que se hacen fotos en lugar de vivir el destino.
El discurso es cómodo y genera ruido mediático. Pero es incorrecto.
El turista no diseña las ciudades. Los urbanistas, los fondos de inversión y los gobiernos locales, sí.

Madrid recibió 11,2 millones de visitantes en 2025. El dato se celebra.

Lo que no se celebra: Lavapiés pierde más de cinco vecinos al día. En algunas manzanas del distrito Centro, los pisos turísticos superan el 20% del parque residencial. Entre 2015 y 2024, 3.306 locales comerciales pasaron a ser apartamentos turísticos o viviendas.

Eso no lo hizo el turismo. Lo hizo un modelo diseñado para extraer valor del espacio, no para habitarlo.

La turistificación de Madrid no es consecuencia del éxito turístico. Es el resultado de decisiones urbanísticas concretas.

Desde Tourism Thinker me pregunto: ¿qué estamos regulando realmente?

En agosto de 2025, Madrid aprobó el Plan Reside para regular los pisos turísticos.

El discurso oficial: «en los edificios donde viven los madrileños, no dormirán los turistas».

Suena bien, nos desahogamos del precio de los alquileres y todos enojados lo aplaudimos

Pero el plan prohíbe pisos turísticos en edificios residenciales y los permite en edificios de uso exclusivamente turístico. En la teoría, tiene sentido. En la práctica, habilita que hasta el 78% de los inmuebles del distrito Centro puedan transformarse en bloques turísticos enteros.

Edificios enteros. En Lavapiés. En Malasaña. En Argüelles.

¿Quién compra esos edificios? Los grandes fondos de inversión que ya llevan años haciéndolo.

Lo que el Ayuntamiento llama ordenación, los vecinos lo llaman expulsión.

Y los dos tienen razón. Depende de desde dónde mires.

La contradicción que nadie quiere ver

La ciudad se vende como destino por su ambiente, su vida callejera que todos los que vivimos en Madrid disfrutamos. Su vida nocturna. Su cultura de barrio. Su autenticidad.

Y luego, el propio éxito turístico destruye exactamente eso que los atrajo.

Bloomberg lo destaca esta semana en un artículo: los pequeños negocios de Madrid luchan por conservar la esencia que atrajo a tantos turistas internacionales en un principio. Los alquileres de los negocios ya no los puede pagar ningún negocio cultural de proximidad.
Sí puede pagarlos una tienda de souvenirs.

Es un círculo perfecto de autodestrucción. Y no es exclusivo de Madrid, es el patrón de cualquier destino que aplica estrategias que no entienden el contexto local.

¿Qué necesita Madrid para frenar la turistificación?

  • Medir también el éxito turístico en calidad de vida del residente, no en número de llegadas.
  • Proteger el tejido cultural como infraestructura turística, no como víctima colateral.
  • Vincular las licencias de pisos turísticos a la salud real del barrio: precio del alquiler, pérdida de población, cierre de comercio local.
  • Aceptar que un destino que expulsa a sus residentes pierde su autenticidad. Y tarde o temprano, pierde su atractivo.
El problema del overtourism en Madrid no es el turista.
Es el modelo que convierte la ciudad en producto.
Mientras sigamos culpando a quien visita en lugar de a quien diseña, seguiremos poniendo parches con lenguaje de solución.

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